Emblema - Prosperidad Socia

Especial de la semana

Más que nunca: el compromiso es que nadie se quede atrás

Esta conmemoración del 17 de octubre como Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza coincide con la crisis social más grave que la humanidad ha enfrentado desde que se propuso. Quizá, la crisis más grave en mucho más tiempo. La pandemia del Covid-19 movió todas las proyecciones, afectó todas las dimensiones de la calidad de vida y el bienestar social. La pandemia y sus consecuencias también han puesto a prueba el compromiso de los estados, los gobiernos, las organizaciones, la ciudadanía y todos los actores y sujetos con este objetivo humano, el primero de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), y los retos pendientes que justo el 17 de octubre propone conmemorar y recordar. Bien lo señala la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en el llamado de esta conmemoración: “Actuar juntos para lograr la justicia social y medioambiental para todas las personas”.

Los desafíos son grandes. Por supuesto, también para Colombia la crisis emergente supone un golpe al camino de la superación de la pobreza y la construcción de la equidad. Dos investigadores, Roberto Angulo y Felipe Roa-Clavijo, ofrecen en entrevistas aquí publicadas pistas de lo que ha sido ese impacto, que Angulo explica con una metáfora: “Un meteorito que cayó sobre el bienestar social”.

 

No tienen dudas, aunque todavía no está el retrato pleno, de que la pandemia está haciendo retroceder a los países en el camino hacia la erradicación de la pobreza. Pero resaltan que las herramientas para enfrentar las crisis, estructurales y emergentes, son mayores y más robustas. Ejemplo en Colombia es el tiempo récord en el que se ha montado toda una batería de respuesta a la emergencia. Es evidencia de esas herramientas y de lo que, de todas maneras, se ha conseguido hasta aquí en superación de pobreza.

“El Gobierno aprendió a identificar mejor y a atacar mejor esas condiciones que genera la pobreza multidimensional. En el mediano plazo todos estos programas y toda esta reestructuración de los programas van a ayudar a que más familias salgan de la pobreza multidimensional”, dice Roa-Clavijo. Se refiere a la atención sin precedentes que se ha desplegado desde marzo pasado, especial aunque no exclusivamente con programas de transferencias monetarias administrados por Prosperidad Social.

Angulo advierte que la pandemia cambió para siempre la política social en Colombia. Evidencias ya están en Prosperidad Social, cuyo ajuste de programas y estrategias se había planteado desde las líneas del Plan Nacional de Desarrollo Pacto por Colombia, pacto por la equidad, pero que ha reconfigurado sus programas para responder a los retos que puso sobre la mesa el accidentado 2020.

El primer reto como respuesta al “meteorito”: matizar las consecuencias de la crisis. La directora de Prosperidad Social, Susana Correa Borrero, informó este mes que los cinco programas de transferencias monetarias han acompañado a 8,5 millones de hogares en medio de esta crisis nacional y universal. La inversión ha superado los 7,8 billones de pesos, “fundamentales en la reducción del impacto sobre la pobreza monetaria y de otras dimensiones”.

Para los próximos dos años, la entidad proyectó cinco grandes metas para mitigar el impacto de la pandemia y sus consecuencias. Metas que comienzan por robustecer y garantizar la participación de 3,4 millones de hogares en los programas de transferencias monetarias condicionadas: Familias en Acción y Jóvenes en Acción.

Una segunda meta para el cierre de periodo es vincular a 129.500 nuevos hogares con el programa Casa Digna, Vida Digna, cumpliendo con la meta del PND de 325.000 mejoramientos de viviendas. En términos de infraestructura esta meta se complementa con la ejecución de 587 obras de infraestructura social y productiva enfocadas en vías urbanas y rurales, plazas de mercado, centros de acopio y centros de transformación.

A mitad de este año Prosperidad Social asumió la administración de todos los programas de transferencias monetarias, incluyendo ahora las no condicionadas: Ingreso Solidario, Colombia Mayor y devolución del IVA. Tienen plazos de vigencia distinta y la tercera meta es garantizar la entrega a todos los hogares y titulares de derechos que las reciben durante el tiempo de vigencia proyectado para ayudarlos a paliar la crisis.

La cuarta meta en este sentido es desarrollar tres proyectos en el marco del Fondo de Pago por Resultados, aportando a la recuperación del empleo y la colocación de personas de hogares pobres y vulnerables. La quinta meta es para los próximos dos años: acompañar para capitalización 118.972 nuevos proyectos de Unidades Productivas y de Economía para la Gente con Familias en su Tierra, la Red de Seguridad Alimentaria, Iraca y los programas de Emprendimiento Individual y Colectivo.

Es parte de la respuesta de la entidad, alineada además a la modernización de la política pública que durante los dos años anteriores ya estaba trabajando y que tiene como ejemplo el diseño de la Ruta para la superación de la pobreza.

A todo este panorama, a todos estos retos, la entidad ha dedicado especialmente toda una semana de discusiones, La semana de la inclusión por la equidad, para revisarlos y evaluar los impactos y aprendizajes de 2020.  La semana abrazó esta conmemoración del 17 de octubre. Su agenda se desarrolló en todo el país exponiendo y recogiendo lecturas y propuestas para enfrentar el compromiso creciente para retomar los avances de estas dos décadas, recogiendo lo andado y aprendido en esta intensa respuesta en alianza con gobiernos locales, aliados internacionales, organizaciones sociales, sector privado y todos los ministerios y entidades.

La conmemoración, la semana y este año, se da en medio de una de las peores crisis sociales y económicas registradas por la humanidad. Reconoce que los participantes de los programas, de los titulares de derechos, las personas que viven en pobreza que, como señala también el tema de esta conmemoración internacional, han sido las primeras en actuar a la emergencia protagonista del año. La conmemoración a la que se suma Prosperidad Social ratifica en pandemia y en la crisis provocada por la misma, que desde la entidad el compromiso universal señalado en el PND está más vigente que nunca: “Nadie se queda atrás”.

La respuesta desplegada por el Gobierno para enfrentar la emergencia social y económica ha sido integral. En esta, los programas de Prosperidad Social han ajustado lo más rápido posible su estructura y funcionamiento para mitigar el efecto de la crisis mundial y que esta no se sintiera peor en los hogares más pobres y en las familias en riesgo se caer en vulnerabilidad en Colombia.

Las cifras y el volumen de la atención han sido recogido en distintos informes de prensa y en distintas entrevistas. Recientemente los medios recogieron la cifra de atención de los cinco programas de transferencias monetarias, principales programas en la emergencia, que han acompañado a 8,5 millones de hogares en medio de esta crisis nacional y universal. La inversión ha superado los 7,8 billones de pesos.

Entrevistas

Roberto Angulo es economista con experiencia en diseño y ejecución de política pública. Es socio fundador de la firma INCLUSIÓN y consultor independiente de Oxford Poverty and Human Development Initiative (OPHI). La presentación pública que se encuentra en medios sobre su trabajo dice incluso más: profesor, exdirector nacional de Ingreso Social del DPS, director de nacional del Sisbén (DNP), secretario técnico de la Misión de Equidad y Movilidad Social del DNP, coordinador del diseño de la medición de pobreza monetaria y coautor del Índice de Pobreza Multidimensional de Colombia.

Es integrante del Comité de Expertos que sirve como órgano asesor del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) en temas de medición de pobreza monetaria y multidimensional. Es entonces alguien que ha estado en múltiples sectores siempre desde el objetivo del estudio y construcción de la política social en Colombia. Es, para efectos de esta entrevista, un analista del comportamiento de la pobreza y la desigualdad en el país y, en medio de esta crisis mundial, de los impactos que un 2020 accidentado ha generado en sus dimensiones. Desde su lugar de lectura y de trabajo en política pública, expresa tres conclusiones rotundas. Una en metáfora: la pandemia por Covid 19 es una especie de meteorito que cayó sobre el bienestar social. Otra igual de contundente, más explícita: la política social en Colombia cambió para siempre después de este 2020. Y una última que hila las dos anteriores: es cierto que esta crisis es grave e inédita, pero las herramientas para enfrentarla son también mucho mejores de lo que han sido antes.

Angulo habla aquí de la dimensión del cráter que deja la crisis y de las respuestas para recuperarnos del impacto.

¿Cuáles son los impactos o efectos en la población más pobre y otros grupos vulnerables que deja la pandemia del Covid-19 en Colombia?

He dicho en distintos momentos que la pandemia se podría entender como si un meteorito hubiera caído sobre el bienestar social. Pero es un meteorito que afecta o deja un hueco más profundo en los hogares pobres y vulnerables. En los hogares con jefatura femenina o en las mujeres por encima de los hombres, en los jóvenes y en los informales. Es una crisis y un choque que nos ha golpeado a todos como sociedad, pero de manera diferencial.

Si uno mira los resultados de las proyecciones que hizo Jairo Nuñez en Fedesarrollo, que a mi juicio son las más confiables, estima que el impacto de la crisis en la pobreza, tal como va, oscila entre 11 y 15 puntos de pobreza. El primer impacto que midió fue de 11 y después lo actualizó y fue de 15 puntos porcentuales. Es decir: ¡15 puntos porcentuales más de pobreza en 1 semestre! Eso nos devolvería unos 10 años de logros en la reducción de la pobreza.

También calcula la mitigación. No todo son malas noticias. Calcula la mitigación de las transferencias monetarias, que incluyen todos los programas de Prosperidad Social y sus giros extraordinarios de Familias en Acción, Jóvenes en Acción, Colombia Mayor, Ingreso Solidario y los programas que no son de la Nación, como el caso de Bogotá Solidaria. Todo eso puede mitigar más o menos 4 puntos de pobreza (máximo).

Desde el punto de vista de la pobreza multidimensional no tenemos aún una proyección, pero creo que ahí hay que pararle muchas bolas a las variables de educación y cuidado infantil, que son las más afectadas con el cierre de los colegios y jardines. Son variables delicadas. Allí es donde están los impactos. Ha habido destrucción del empleo formal, se han afectado los ingresos de toda la población, en particular de la pobre y la vulnerable, con mayor énfasis en mujeres, jóvenes e informales.

 

¿Cuál es la población más afectada o el grupo poblacional?

Uno, las mujeres. Ya acumulábamos evidencias de que el mercado laboral discrimina en contra de las mujeres: hay una brecha salarial de la que se ha generado mucha evidencia. Ejemplo: los estudios de Ximena Peña y varias que se hicieron en el estudio de movilidad de hace 10 años. Estos reflejan esa brecha salarial y discriminación que hay para las mujeres en el mercado de trabajo. Por otro lado, los hogares pobres, en particular los pobres y vulnerables, tienen una alta proporción de hogares con jefatura femenina; lo que los hace más vulnerable porque tienen menos posibilidades de combinar formas de percepción de ingresos y distribuirse entre el cuidado del hogar y el trabajo.

Ha habido una destrucción de empleo, decía, y en los meses subsiguientes, una recuperación. La destrucción de empleos en el primer mes fue muy similar entre hombres y mujeres, pero la recuperación empieza a abrir la brecha. Los primeros que se están recuperando en esa reactivación -pasando abril, mayo, junio- han sido los hombres. Eso tiene una hipótesis detrás y es que los colegios y los jardines están cerrados; entonces, la carga y el cuidado está cayendo sobre las mujeres. La reactivación puede estar en contra de las mujeres porque se les aumentó la carga de cuidado y se les dificulta salir a buscar trabajo. No quiero que parezca que es solo por la crisis. Hay una inequidad de género estructural de la cual hay evidencia, y sobre esa inequidad hay un golpe que les pega más que proporcionalmente a ellas; y después de la reactivación, hay una carga que les impide a ellas recuperarse con la misma velocidad que los hombres.

En el caso de los jóvenes pasa algo similar. Colombia venía experimentando ese fenómeno de los “ni-nis”, de los jóvenes que no estudian ni trabajan ni están buscando trabajando. De alguna manera refleja el descontento que hemos visto y la presión por el cambio social, no sólo en Colombia sino como un fenómeno generalizado en América Latina. Es una mezcla de varias cosas. Hay una mezcla de brechas de calidad en la educación, hay un déficit de habilidades blandas y proyectos de vida, y hay temas de habilidades relacionadas con la formación para el trabajo y la educación superior. Estábamos en mitad de ese fenómeno y llega esta nueva la crisis, como otro choque, y también los jóvenes son proporcionalmente más afectados porque están en una situación de vulnerabilidad.

Hay varias cosas que pueden exacerbar ese problema: primero, deserción escolar. Si este choque se los encontró a final de bachillerato, pudo estar generando deserción en los últimos años. Dos, ya había una empleabilidad débil en los jóvenes y ahora las empresas comienzan a desengancharlos de los empleos. Adicionalmente, está todo el tema de la caída de los ingresos.

 

¿Y el rezago del campo colombiano frente a las dinámicas urbanas?

Yo creo que no hemos explorado ni analizado muy bien lo que está pasando en las zonas rurales. Es cierto que si uno mira los temas del sector agrícola, puede verse como uno de los menos golpeados en la crisis y eso, aparentemente, daría la sensación de que no hay un problema.  Sin embargo, analizando los indicadores priorizados para Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET), como muestra de las condiciones rurales, nos muestran unos panoramas que pueden estarse ignorando porque no tienen un volumen de población que haga llamativas sus cifras frente al Covid. Quiero decir que nos podemos estar olvidando de las carencias en número de UCIS por persona, tasas de letalidad, distancias de desplazamiento para ir a centros de salud. Digamos, aparentemente en algunos aspectos como medidas de distanciamiento social, y otras medidas para no detener la producción, son ventajosas en el campo; pero no olvidemos que el campo necesita de la ciudad para la comercialización.

En salud hay algunas cosas que creo debemos subrayar: el incremento, la mejora y la expansión del sistema de salud para atender el Covid se ha dado en función de los grandes números y eso ha sesgado el espacio de las zonas urbanas. Pensaría que se están generando cuellos de botella o de insuficiencia en el sistema de salud de la periferia.

También me preocupa que la crisis, con muchas razones, detuvo proyectos de infraestructura que estaban listados en los municipios PDET. Hay un atraso en el cronograma de las obras de infraestructura y los proyectos de desarrollo de los municipios. Si bien no es tan directo por Covid o por crisis directa, hay consecuencias que eso tuvo en el cronograma de ejecución y de asignaciones de inversiones en el Gobierno nacional y local. Eso puede estar generando un problema en las metas del cuatrienio en la zona rural.

 

¿Qué dimensiones de la pobreza multidimensional se han visto más afectadas?

¿Cuáles son las que han estado más en riesgo? Educación, y creo que por ese lado hay un efecto directo relacionado con la asistencia escolar: rezago escolar. En el corto plazo, no abrir colegios implica privar de manera directa el tema de asistencia escolar, y rezago escolar de los niños que están hogares pobres y vulnerables. Ahora hablamos de alternancia y virtualidad, pero esa virtualidad va a depender del acceso a medios digitales, del tiempo que tengan los padres y madres para acompañar a los hijos en educación virtual o en la alternancia. En el mediano plazo se puede afectar el entorno educativo. Si esto se sigue alargando, empieza a verse una tasa de deserción relacionada con la calidad de la educación por tener los instrumentos incompletos en el modo virtual.

En el caso del cuidado infantil, se ha podido mitigar algo del complemento al subsidio alimentario que reciben los niños de los jardines y los colegios. Eso ha estado bastante bien. Es una cosa de destacar tanto de los gobiernos locales como del ICBF. Esa transformación de los subsidios alimentarios para llevarlos a la casa fue muy buena, pero no va a suplir el cuidado infantil. Y menos con la sobrecarga que estamos diciendo de los padres y madres.

Después entramos en las variables de trabajo que están muy atadas en lo que pasa en la pobreza monetaria: se dispara la informalidad. En esta crisis ocurre algo como “caerse por las escaleras”. Hay algunas empresas formales que han descendido peldaños. No se han destruido pero pasaron a la informalidad. En esa escalera, probablemente muchos de los que cayeron de la formalidad están engrosando la informalidad. En el tema del desempleo ya hablamos del caso de las mujeres, que es otra variable del IPM.

Ahora hablemos de salud. La gente en salud parece estar muy tranquila, pero es preocupante en lo que tiene que ver con pobreza. Qué ha pasado: hay dos variables en el IPM que son aseguramiento y barreras de acceso a la salud. En aseguramiento el país ha estado muy tranquilo. Nadie ha perdido el seguro en la crisis, ni siquiera los que han perdido su empleo formal. A mí me asombra un poco que el Presidente no haga énfasis en ese logro. Esa una de las cosas buenas que ha hecho el Gobierno nacional. Muchos de los empleos formales que se vieron afectados no perdieron el seguro. Estamos hablando de 2,8 millones de asegurados que se mantienen allí. Se congeló el seguro, pero eso es finito; el sistema de protección social no puede seguir de ese modo porque queda desfinanciado. Este año de crisis funcionó como medida de protección, pero cuando se acabe la crisis esto debe acabar por simple financiación. Por otro lado, tenemos los 11 o 15 puntos porcentuales más de pobreza que nos dice Jairo Núñez de Fedesarrollo. ¿Qué va a pasar? El próximo año vamos a quedar con el régimen subsidiado con un 10% más de población, con un déficit por haber financiado subsidios plenos de contributivo durante 2020 y vamos a tener un desequilibrio entre régimen subsidiado y contributivo que tendremos que enfrentar y financiar porque con eso sí se puede empezar a caer el aseguramiento en 2021. Esta es una variable que es como una alerta.

El otro tema de barreras, que tenemos que comenzar a pensar desde ya, es que todo el sistema de salud se ha volcado al Covid; con un balance positivo, sin desconocer las cosas por mejorar (asimetrías y desigualdades vigentes); pero se han aplazado una serie de tratamientos durante todo el año, tratamientos a enfermedades crónicas, otras enfermedades que han aparecido. Esto está generando una burbuja de demanda en el servicio de salud y en algún momento va a estallar. El sistema de salud no Covid tiene que poder responder.

De vivienda, pues hay un tema de hacinamiento porque muchos hogares se quebraron y seguramente se fueron a vivir con otras familias o se quedaron sin la plata del arriendo.

Entonces, contemos: tenemos dos terceras partes del IPM comprometidas en la crisis; por lo menos 9 variables de 15.

 

¿Qué lecciones deja esta crisis y qué retos se nos vienen?

Yo creo que como país hemos aprendido mucho en estos últimos seis meses. También el sector público. Creo que el panorama es grave, no diría que sombrío, o trataría de no verlo de esa manera. Hay un aumento de las capacidades que ha sido muy interesante y se tiene que capitalizar. En Colombia somos muy buenos para trabajar con adrenalina y apenas se acaba la adrenalina caemos como en un sopor, como ahora. La actuación que hicimos los primeros tres o cuatro meses fue muy buena en el tema de pobreza. Demostramos que tenemos capacidad de articulación cuando es urgente, cuando es necesario; que podemos converger los datos y la información para apuntarle al mismo objetivo, que somos capaces de ampliar y de duplicar la capacidad que tenemos. El Gobierno Nacional duplicó la capacidad de transferencias monetarias. Derrumbamos barreras legales y tecnológicas para poder hacer eso. Hay entonces unas capacidades que tienen un efecto demostrativo que hay que capitalizar, pero sobre todo, no bajar el ritmo.

En otro extremo, podemos estar cayendo como en una esquizofrenia; entonces, del catastrofismo que vivimos en abril, podemos estar cayendo a un optimismo irracional. Pongo el ejemplo del Ministerio de Hacienda que dice que la economía se va a recuperar por completo en enero del 2021. Esa visión excesivamente optimista puede ser nociva en algún punto, le quita pragmatismo y nos puede quitar la capacidad de tener acciones preventivas. Estamos enfrentando la incertidumbre. Ya aprendimos a manejar una cuarentena, deberíamos estar preparándonos para manejar el rebrote.

Los datos son graves, pero nosotros somos otros, somos distintos. El sector público es distinto y me alegro porque en el tema de pobreza hemos sido capaces de hacer muchas cosas. He insistido mucho en la coordinación de los gobiernos. Creo que la agenda no es solo Nación. Prosperidad Social no puede sola, con unas trasferencias monetarias, enfrentar una mitigación que se requiere. Esta mitigando máximo el 40% de la crisis. Hay que alinear agendas, potenciar eso con gobiernos locales.

 

Ideas sobre la agenda y políticas públicas

En lo urbano tiene que haber una alineación operativa (además de la simbólica). Los gobiernos locales tienen una capilaridad y una articulación con el territorio que ni siquiera Prosperidad Social o el SENA tienen, siendo estas dos entidades las que quizá más presencia tienen en todo el país. En lo rural, lo que se puede pedalear desde los PDET, por ejemplo, va a dar muchas posibilidades. No cubren toda la zona rural, eso sí, pero hay capacidades. Alinear es estar absolutamente articulados en quién va a girar plata, cuándo, y con qué operadores, para no cruzarnos. La Mesa de Equidad es un excelente espacio para tomar decisiones de estos programas. Tiene que existir un espacio de articulación vertical, el sector de la inclusión social y los gobiernos locales.

Hay que poner algo sobre la mesa. La reactivación de la reducción de la pobreza monetaria comenzó cuando se terminó la cuarentena estricta. La reactivación de la superación de la multidimensional no ha arrancado y no arranca hasta que no abran colegios y jardines. Mientras los colegios y jardines sigan cerrados, no va a empezar la reactivación multidimensional; estará comprometida esta pobreza en Colombia. Será una variable coja.

En tema de los recursos y financiación, creo que Hacienda se ha equivocado un poco. Las transferencias de Ingreso Solidario están aseguradas hasta junio de 2021; pero los demás subsidios están asegurados sólo hasta diciembre. El rompecabezas de la financiación estimula la coordinación y genera luz en la incertidumbre. Hay sí hay que hacer una crítica al Ministerio de Hacienda.

 

La reactivación de los informales

La política social en Colombia cambió para siempre después del Covid. Los que hacemos política social nunca vamos a ser los mismos, porque nunca habíamos experimentado una crisis tan fuerte en tan poco tiempo, con tantas transformaciones en las cadenas de valor.

Hay un reto que nos deja esto sobre la reactivación de la población en empleo formal. En Colombia hemos sido históricamente miopes a la hora de ver al informal y equipararlo con la ilegalidad. Si las políticas son solo para formales, estaremos excluyendo a la mayoría de la población. Ya no podemos decir que la informalidad es una minoría. Hay retos de cómo potenciar negocios informales que tienen vocación para la formalización. ¿Cómo va a ser la política para la informalidad? El de la empresa formal es más claro. Pero la recuperación de los informales constituye un reto muy grande.

En el tema de mujer la discusión es tan profunda que el sistema de protección social tiene que cambiar. Si el régimen subsidiado va a aumentar y el contributivo va a disminuir, esto implica que tenemos que reformular el sistema. La brecha de mujeres y jóvenes se afectó. El sistema tiene que poner el ojo en el tema de mujeres y de jóvenes y asumir el reto de la sostenibilidad.

Entrevista con Felipe Roa-Clavijo, investigador de la Iniciativa sobre Pobreza y Desarrollo Humano (OPHI), de la Universidad de Oxford, quien destaca el rol y eficacia que tiene el Índice de Pobreza Multidimensional en la coyuntura.

La pobreza rural en Colombia es el doble de las zonas urbanas, los hogares con jefatura femenina son más susceptibles a ser pobres y la brecha en calidad de vida entre el campo y la ciudad sigue siendo amplia. Esta es la lectura que el experto Felipe Roa-Clavijo, de la Universidad de Oxford, hace de las últimas estadísticas sobre pobreza en el país y que destaca como los tres retos fundamentales sobre los que deben trabajar los tomadores de decisiones en política pública en Colombia para mejorar estos índices.

 

¿En cuál contexto se creó el IPM? ¿Cuántos países lo adoptaron? ¿Es una medida que se puede aplicar de manera generalizada para distintas regiones?

El Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) viene de la propuesta metodológica que se construyó conceptualmente bajo el método Alkire-Foster. Lo crearon Sabina Alkire, nuestra directora en OPHI, y James Foster de la Universidad George Washington hace un poco más de 10 años. Propuso medir la pobreza en diferentes dimensiones. Identifica, dependiendo de la información disponible, varios indicadores, los computa y ofrece un número global sobre la pobreza pero que puede ser desagregado.

Hay varios países en todas las regiones del mundo que están usando el IPM y para dar un ejemplo en los últimos informes de avance de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que se entregó en el foro político de alto nivel de las Naciones Unidas, 21 países, incluido Colombia, reportaron el IPM como forma de avance hacia el cumplimiento de los ODS.

Colombia fue uno de los pioneros en el diseño e implementación del Índice de Pobreza Multidimensional. Desde 2009 comenzó a diseñarlo, a ver cómo se podía calcular. Se crearon comisiones de expertos y afortunadamente el país cuenta con economistas y expertos en esta materia que contribuyeron a ese diseño y en los últimos años se convirtió en una medida oficial del Gobierno nacional.

Para nosotros, como centro de investigación, es una gran alegría ver que durante los últimos cuatro gobiernos se ha usado el IPM de manera de manera oficial y además se ha incluido en los planes de desarrollo con metas específicas para su reducción.

¿Esas consideraciones bajo las cuales se proyectó la creación del IPM se mantienen en el momento, en esta nueva realidad del coronavirus? ¿Será necesario ajustar factores de su estructura?

Ahora más que nunca es necesario contar con índices de pobreza multidimensional porque, si bien se construyó antes de la pandemia, nos ha permitido en medio de la crisis analizar elementos específicos. Por ejemplo, conocer la ubicación geográfica de dónde están los más pobres, en qué dimensión están más afectados y nos sirve también para calcular.

En el contexto de la pandemia hay que lavarse las manos y mantener el distanciamiento físico, entonces el índice nos está diciendo que en algunos lugares no hay agua disponible: eso hace que el lavado de manos sea muy difícil. También que en algunas casas hay hacinamiento, entonces no es posible mantener el distanciamiento físico y de allí se pueden diseñar lineamientos de política y de atención urgente para atender la crisis.

Es muy importante mencionar que según las últimas cifras que calcularon OPHI y la Oficina de Naciones Unidas para el Desarrollo, la pobreza a nivel global puede retroceder entre cinco y nueve años. Esto empujaría más o menos 490 millones de personas a la pobreza multidimensional. El Banco Mundial, también en las estimaciones de la pobreza monetaria ha dicho que en los próximos años entre 70 millones y 100 millones de personas pueden entrar a la pobreza extrema. Colombia no es la excepción. El Centro de Estudios sobre Desarrollo Económico de la Universidad de los Andes en sus cálculos también ha dicho que podría haber un aumento del 15% en la pobreza monetaria: eso empujaría a unos 7 millones de personas a la pobreza.

Entonces, con todo ese contexto, el Índice de Pobreza Multidimensional sigue siendo muy relevante. Y para responder la segunda parte de la pregunta: ahora con las demandas específicas de la pandemia con el lavado de manos, de acceso a la salud, de acceso a la educación o a la educación remota, es muy posible que se necesiten reajustes. Eso va a depender de que haya información censal para el cálculo de estos indicadores.

Para un ciudadano que por sus condiciones de vida puede ser catalogado como pobre multidimensional, ¿qué representa que exista el IPM?

Es una buena pregunta porque todas estas estadísticas que se manejan a nivel de los gobiernos y que estudiamos nosotros desde la Academia al final están concentradas en mejorar la calidad de vida de las personas. Muchas veces estamos en las bases de datos, en los números, revisando las dimensiones, los indicadores, pero al final lo que importa es poder contribuir a mejorar las condiciones de las personas que están más afectadas y de los más pobres de los pobres.

El hecho de que exista un índice como estos es un reconocimiento a las dimensiones en lo que esta persona está más afectada y es un llamado a la acción y a la responsabilidad de los gobiernos nacionales a invertir recursos estratégica y prioritariamente en las áreas que lo necesitan, ya sea educación, infraestructura, agua o vivienda. Entonces, para una persona este índice representa un reconocimiento de que su vida está en unas condiciones que no son normales pero que si existe el apoyo, la inversión de recursos y la priorización de acciones estratégicas, sus condiciones de vida van a poder mejorar.

Usted realiza un trabajo de investigación clave con la iniciativa OPHI de la Universidad de Oxford. ¿Cuáles son las líneas que le interesan y qué hallazgos nos puede compartir entre los postulados teóricos y la realidad?

Actualmente estoy trabajando en el contexto de la Red Global de Pobreza Multidimensional que junta a 60 países y 20 organizaciones para intercambiar conocimiento, experiencias y avances. Dentro de eso resulta muy interesante que antes del 2015 en la agenda global de desarrollo solo figuraba la pobreza monetaria, pero con la adopción de los ODS, la pobreza como multidimensional quedó allí enmarcada y de hecho, es el primer objetivo de desarrollo sostenible que se propone como agenda 2030. Para mí en especial, como investigador, ver ese proceso de cambio en la agenda global y que la pobreza se puede reconocer más allá del ingreso ha sido uno de los logros más importante que se ha dado.

Los países ya están empezando a reportar sus avances. Hace una semana tuvimos un evento en el marco de la Asamblea de las Naciones Unidas, donde tuvimos cinco jefes de estado, 10 ministros y varios asesores internacionales hablando del rol y la importancia que tiene la pobreza multidimensional y de la importancia que tiene formar la red global y en continuar aprendiendo como una comunidad internacional en ese contexto.

Según los datos de julio de este año publicados por el DANE, el IPM en Colombia para 2019 se ubicó en 17,5%.  En 2018 había sido de 19,1 %. Se registra un descenso que algunos expertos consideran pueden verse afectado por los efectos de la pandemia actual. ¿Cuál es su opinión?

Efectivamente la pobreza multidimensional entre 2018 y 2019 bajó, aunque los datos que tenemos y que nos ofrece el DANE son antes de la pandemia y eso complica aún más las cosas. Me gusta lo que menciona un colega y es que los datos del DANE son antes del meteorito de la pandemia. De todas formas, hay que resaltar los avances y sí, sí los hubo.

Entre 2018 y 2019, 615.000 personas salieron de la pobreza multidimensional. Para nosotros es muy interesante ver que tres departamentos fueron los que más aportaron en la disminución de la pobreza multidimensional:  Nariño, Valle y Atlántico. Solamente en esos tres departamentos, en el último año salieron de la pobreza 451.000 personas y eso representa el 73% del total de quienes superaron esa condición. Es clave ver qué cosas pasaron allí, qué programas de implementaron, por qué en esas zonas funcionaron mejor.

Otro de los aspectos positivos en la reducción es que de los 15 indicadores del IPM, 11 tuvieron algún tipo de mejora y entre ellos hay que resaltar los avances en la reducción del rezago escolar, alcantarillado, en acceso a la salud y en analfabetismo. No obstante, vemos que la pobreza rural sigue siendo muy alta: fue de 34,5 % para 2019 y eso es tres veces más alto que en las ciudades y el doble del promedio nacional, que fue del 17,5 %.

Entonces vemos que hubo avances, la pobreza se estaba reduciendo en general, más en zonas las rurales que las urbanas pero esto se va a ver afectado por la pandemia y en este momento todavía no contamos con una nueva estadística de cómo la pandemia afectó esas cifras. Lo más posible es que haya retrocesos y allí es necesario hacer un llamado a la acción de todas las autoridades competentes a recuperar el terreno perdido y seguir dando pasos en la reducción.

Dentro de su trabajo para OPHI ha tenido la oportunidad de conocer comunidades vulnerables en Colombia y la gestión realizada por el Gobierno a través de Prosperidad Social. ¿Cuál es su impresión?

Nosotros estuvimos muy impresionados con todo el trabajo que viene realizando el Departamento para la Prosperidad Social en las regiones. Tuve la oportunidad de ir antes de que empezara la pandemia a Córdoba y Nariño y allí hablamos con los representantes locales, los equipos regionales y las familias beneficiarias que en su momento fueron consideradas como pobres multidimensionales.

Vimos cómo Prosperidad Social las focalizó, identificó acciones estratégicas para atacar las dimensiones en la que las familias estaban afectadas y luego, todo el acompañamiento que les ofreció el Gobierno nacional. Unas de ellas ya no recibían ciertos apoyos porque habían superado ciertas condiciones, otras estaban en un proceso mucho más temprano. Para nosotros fue una gran alegría poder ver no solamente el marco general de cómo busca reducir la pobreza, sino también la eficiencia de los equipos territoriales con sus directores, gestores y cómo esto termina beneficiando a quienes más lo necesitan.

¿Cuál es su opinión frente a la manera en que Prosperidad Social ha venido haciendo frente a la pandemia con la puesta en marcha de nuevos programas de transferencias monetarias no condicionadas como Ingreso Solidario, Compensación del IVA y Adulto Mayor? ¿Cree que con incentivos como estos se logra que personas pobres superen esta condición?

La reducción de la pobreza en Colombia y el mundo ha sido un reto grande durante varias décadas, pero en el contexto de la pandemia para nosotros ha sido muy satisfactorio ver toda esa reacción y reorganización del sector social para atender las familias y sobre todo las más vulnerables.  El hecho de que más de 8,5 millones de hogares vulnerables hayan recibido 7,8 billones de pesos durante la pandemia gracias a los programas de Familias en Acción, Jóvenes en Acción, los beneficiarios de la Compensación del IVA y los pagos de Colombia Mayor e Ingreso Solidario, es algo que es muy importante de destacar y que nosotros admiramos desde el punto de vista académico por lo retos que ellos implica: porque se hizo en un tiempo récord y nadie estaba preparado para responder a los enormes retos que generó la pandemia.

Para nosotros ver cómo se reorganizaron los programas de Gobierno, se agilizaron estas transferencias monetarias y se dieron apoyos a las familias más necesitadas es una gran satisfacción. Creemos que estos programas sí tienen un impacto importante no sólo en el corto sino en el mediano y largo plazo también, porque se tiene mejor identificadas dónde están las familias vulnerables, quiénes son, en qué dimensiones hay más vulnerabilidad. El gobierno aprendió a identificar mejor y a atacar mejor esas condiciones que genera la pobreza multidimensional. En el mediano plazo todos estos programas y toda esta reestructuración de los programas van a ayudar a que más familias salgan de la pobreza multidimensional

¿Cuáles cree que son los retos que tiene Colombia frente a sus acciones para erradicar la pobreza?

Si miramos los datos que nos arroja el último informe de pobreza multidimensional disponible es clarísimo que hay tres retos que son muy importantes para el corto, mediano y largo plazo: el primero es la pobreza rural que es tres veces más alta que en las zonas urbanas, atender todas las zonas rurales, todas las dimensiones de la pobreza rural en los próximos años va a ser fundamental.

El segundo punto: mujeres.  La mujer y en especial, la mujer rural son las más pobres. El Índice de Pobreza Multidimensional en su último informe nos dice que los hogares donde hay jefatura femenina son los que registran más pobreza multidimensional. Por tanto, un énfasis en mujer y en mujer rural es importante. 

El tercer punto es la desigualdad. El índice también nos permite ver por ejemplo que en las ciudades todos los indicadores de alcantarillado, infraestructura y disponibilidad de agua potable están cumplidos casi en cien por ciento, mientras que en las zonas rurales las carencias son altísimas. Hay unas brechas enormes entre el campo y la ciudad cuando miramos las diferentes dimensiones en el IPM. En ese sentido, la desigualdad y reducir esas brechas va a ser fundamental en los próximos años.

Toda sociedad puede salir mejor librada de las crisis. El profesor Amartya Senn en un artículo que publicó The Financial Times al inicio de la pandemia nos recordaba que al final de la Segunda Guerra Mundial todas las condiciones de alimentación y acceso a alimentos eran bastante precarias pero al final de la guerra todas estas condiciones mejoraron a niveles nunca antes vistos.

Igualmente, en el último informe de pobreza multidimensional a nivel global que publicó OPHI con apoyo de Naciones Unidas resaltamos que Sierra Leona en el peor momento por la pandemia generada por el ébola entre 2013 y 2017 fue uno de los países de África que más personas sacó de la pobreza.

Entonces yo quisiera cerrar con un mensaje de esperanza. Si bien la pandemia nos va a hacer retroceder en términos de pobreza, esto también nos está dando una oportunidad para no solo recuperar el terreno perdido sino para recuperar el ritmo de erradicación de la pobreza en todas sus dimensiones. El Departamento para la Prosperidad Social en todo su accionar ya nos está demostrando que puede alcanzar a varios millones de personas y a miles de familias en todo el país que lo están necesitando y les ha respondido en medio de la pandemia y en medio de la emergencia, y eso es un mensaje de esperanza y de luz en esta lucha para erradicar la pobreza en todas sus dimensiones.

(*) Felipe Roa-Clavijo es PhD de la Universidad de Oxford e investigador de la Iniciativa sobre Pobreza y Desarrollo Humano (OPHI) de esa institución.

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Programas sociales han llegado a 339,442 hogares: publicado en Hoy Diario del Magdalena

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